Conversaciones de ascensor

En un momento en el que la psicología no da abasto con tanto trastorno narcisista, doy comienzo a éste, mi cuaderno de bitácora. Que me disculpe la RAE si pateo a su libro santo con frecuencia, o si los signos de puntación no coinciden con el orden establecido.

Puedo imaginarte delante de tu teléfono u ordenador. Probablemente no estés entendiendo de qué va esto, pero no tienes mejores cosas que hacer hoy, y por eso me estás leyendo.  Desafortunadamente, ahora las cosas funcionan así.  La mayoría dilapidamos nuestro tiempo en páginas emesis-friendly.

Siento este post, como siento las conversaciones de ascensor. Intentas presentarte, causar buena impresión, sin embargo, siempre optas por charlar sobre la ciclogénesis explosiva y de los terribles daños que ha causado a los arbustos podridos de hongos de tu barrio.

Todo esto tiene que ver con algo a lo que estoy muy agradecida en esta vida. Mi psicóloga lo denomina TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad), pero a mi me gusta más llamarlo, "el arte de estar presente e ignorar inocentemente todo aquello que no te importa una mierda, sin herir los sentimientos de las personas que tienes a tu alrededor".

Fruto de mi aislamiento mental, doy a luz en mi cabeza a todo tipo de historias sin orden cierto. Historias que imagino, veo, sueño... Relatos cortos, ficticios, basados en hechos reales o quién sabe qué. En realidad, sólo busco que desconectes conmigo cuando te muevas en metro, cuando estés sentado/a en un banco esperando a alguien, cuando quieras coger el sueño o para contárselas a tu vecino al día siguiente, cuando le veas en el ascensor. 

Estas son mis historias, y espero poder narrarlas adecuadamente. Bienvenido/a a mi blog, el que espero se convierta, en nuestro rincón favorito.

María M.